viernes, 6 de abril de 2012

No somos nada.

Otra madrugada entre olas de sábanas y fantasmas, anhelos y añoranzas, miedo y esperanza. Otra madrugada en la que el viento sopla fuerte en mi oído, recordándome que no somos nada. Somos una fuerza marchitada, una potencia debilitada. Somos masa, masa aguada con whisky y café, no somos nada, qué va.
Aunque por obra de locura y desesperación, en instantes anecdóticos recobro esperanza en la humanidad, alguien me recuerda que la ingenuidad la perdí hace tiempo y que no hay razón para recuperarla ahora. El viento ya me dijo que no somos nada.
Es bonito saborear la miel de un bello futuro, mas se torna amargo cuando mis ojos abren sus cortinas, o mi alma enciende la luz de la razón. Qué bello fue mientras duró esa esperanza en vosotros.
Y yo me pregunto, ¿Qué os impide ver?, o mejor, ¿Que os permite creer?. Llegados a este punto, ondea la bandera verde al conformismo y la bandera roja al futuro: un mar agitado, mortífero y con resaca. No somos nada, ya me lo sopló el viento.

Libertad.

Las golondrinas ya no quieren mirar al sol, les recuerda que hasta el vuelo más libre tiene límites. Todos somos esclavos de nuestra propia tiranía y sólo nosotros tenemos la llave de los grilletes, grilletes que nos quieren hacer creer que nos acompañan desde que asomamos la cabeza por primera vez al mundo, pero no. No somos títeres de nacimiento, aunque sorprenda.
Seremos sombras de un no-futuro que construimos entre todos. Allá dónde queden resquicios de lo que somos hoy, se respirará arrepentimiento. Hasta entonces, sigamos bailando al son de los trileros que se nombraron y eligieron como portadores del poder y la verdad absoluta. Sigamos siendo necios asintiendo sin cuestionar, construyendo sobre arenas movedizas. Y si alguien nos pregunta, diremos que somos libres.